Hace ya cinco largos años, en plena pandemia del COVID, hice algo que MUCHOS españoles hicimos: aventurarme a abrir mi empresa freelance (en mi caso, una empresa de servicios editoriales). La cosa es que había TANTAS en la red que me costó muchísimo hacer que la gente me conociese. Y no solo me conociese, sino que, al verme, supuese que era yo, y no cualquier otra de la competencia. ESO es la identidad visual, y es casi tan importante como saber llegar a tus clientes, porque es lo que va a hacer que tus potenciales clientes te reconozcan.
Por eso, me gustaría hablar contigo de lo que he ido aprendiendo estos años sobre el tema, porque si yo, alguien que no sabía nada del tema, ha conseguido llegar a vivir de ello (no sin esfuerzo, lo reconozco), es porque algo he hecho bien.
¿Qué es la identidad visual?
La identidad visual es todo aquello que hace que alguien te vea y piense automáticamente en ti. Sin leer tu nombre, sin entrar en tu web, sin investigar quién eres… solo con un vistazo. Es el tipo de letra que usas, los colores de tu web, el estilo de las imágenes que eliges, cómo colocas el texto… incluso la manera en la que escribes un correo o presentas un documento.
Todo va construyendo una imagen mental en quien te observa. Esa imagen puede ser clara y coherente o puede ser confusa y cambiante. Y, cuando es confusa, genera desconfianza, aunque la gente no sepa explicar por qué. Si cada día comunicas de una forma distinta, no te reconocen, no te recuerdan… y, en consecuencia, no te diferencian de tus competidores.
Cuando eres una pequeña empresa, cuando trabajas solo o cuando estás empezando, es cuando más la necesitas, porque nadie te conoce y necesitas facilitar al máximo que te identifiquen.
La identidad visual no es solo estética
La identidad visual no sustituye a un buen servicio, eso está claro, pero lo acompaña desde el primer momento, porque es lo primero que alguien ve antes de conocerte y antes de confiar en ti. Muchas veces decide en segundos si te contrata a ti o si sigue buscando, y, en un sitio lleno de tantos estímulos, lograr que alguien se detenga un momento más en tu empresa ya es mucho.
Además, la identidad visual también es para ti, porque te ayuda a tomar decisiones más rápido. Cuando tienes claro qué colores usas, qué tipo de imágenes encajan y cómo presentas las cosas, dejas de improvisar, no dudas tanto y no pierdes tiempo.
El error más común es copiar sin darte cuenta
Ves a alguien que lo está haciendo bien, que tiene muchos seguidores, que parece profesional y asentado, y, sin pensarlo, empiezas a copiarlo: en colores, con tipografías similares, con un tono casi idéntico, las mismas referencias visuales…
Lo que pasa es que, si haces eso, ya no eres único, y justo eso es lo que no te conviene cuando estás intentando que te vean por encima de otras empresas. A mí me pasó: guardaba referencias constantemente, hacía capturas, me decía que si algo funcionaba para otros, también funcionaría para mí… Y en parte era cierto, pero solo en apariencia.
Funcionaba para ellos porque tenía sentido dentro de su marca, de su historia y de su forma de comunicar, pero en la mía no encajaba del todo, y eso se notaba en mis redes y en mi web, aunque no supiera explicar lo que fallaba con palabras.
Inspirarse está bien y es necesario, pero copiar no lo es. Pregúntate si eso que estás haciendo te representa de verdad o solo te parece correcto porque lo has visto muchas veces.
Piensa en ti, no en lo que le gusta a los demás
La identidad visual funciona mejor cuando nace de lo que ya eres, no de lo que está de moda ni de lo que ves que hacen otros. Si trabajas de forma cercana, eso debería notarse. Si eres claro y directo, también. Y si eres muy cuidadoso con los detalles, igual.
Cuando intentas parecer otra cosa, se nota que no eres sincero. Quizá no el primer día, pero con el tiempo sí, y mantener algo que no encaja contigo cansa y crea incoherencias, y la gente percibe esas cosas, aunque no sepa explicarlas bien.
Por eso es importante pararse un momento antes de elegir colores, letras o estilos. Cuando lo visual y tu forma de trabajar van en la misma dirección, todo resulta más fácil.
La ley del minimalismo aquí también funciona
No hace falta usar de todo: ni todos los colores posibles, ni cinco tipografías distintas, ni mil estilos mezclados. Cuanto más sencillo, mejor funciona.
Elegir dos o tres colores y repetirlos de forma consistente es una buena decisión porque es más fácil de reconocer, y lo mismo pasa con las tipografías: una para títulos y otra para texto suelen ser más que suficientes. Cuantas más opciones tengas, más confuso queda todo al final.
El orden también juega un papel fundamental: espacios en blanco, textos que se leen con facilidad, imágenes que acompañan en lugar de distraer… Crea una estructura limpia que funcione y que no sobrecargue al cliente.
Elimina, en lugar de añadir
Mejorar algo no siempre implica añadir más cosas, más elementos, más colores, más recursos… En la identidad visual suele ser justo al revés: mejora cuando empiezas a eliminar lo que sobra.
Cada vez que quitas algo innecesario, el resto que queda se entiende mejor, y logras comunicar tu mensaje de forma más clara. Esto, por supuesto, requiere paciencia, y atreverte a ver más allá de ti mismo y pensar: ¿qué suma y qué resta? ¿Qué me sirve y qué entorpece al cliente?
Eliminar lo que no aporta es una de las mejores decisiones que puedes tomar para que tu marca se vea clara y reconocible.
La coherencia en redes, web y documentos
Da igual que tus redes estén muy cuidadas si luego tu web parece de otra persona, o que tu web esté bien si tus presupuestos o presentaciones no concuerdan con el resto: todo comunica, incluso lo que no muestras de forma pública.
Tener coherencia no quiere decir que todo sea igual ni aburrido, quiere decir que, cuando alguien ve tus cosas, entiende que forman parte de lo mismo, que hay una línea clara y que nada desentona. Para eso ayuda mucho ponerte unas normas simples: elegir unos colores y usarlos siempre, tener una o dos tipografías y no cambiarlas cada dos por tres, decidir qué tipo de imágenes encajan contigo y cómo sueles escribir…
No hace falta complicarse, con que tú lo tengas claro y lo respetes en tu web, en redes, en correos o en documentos, es suficiente.
La identidad visual también tiene un efecto interno muy potente
La identidad visual te pone orden en la cabeza, te ayuda a saber cómo presentar las cosas sin pensarlo tanto, porque dejas de improvisar y de darle vueltas a todo. Eso hace que trabajes más tranquilo, que decidas más rápido y que tengas más seguridad con lo que muestras.
Además, no es algo que hagas una vez y ya está, va cambiando contigo: se ajusta, mejora y crece según avanzas, pero siempre partiendo de una base clara que te sostiene.
Cuando empiezas a sentir que “esto ya soy yo”
Llega un punto, después de probar mucho y dudar bastante, en el que empiezas a reconocerte en lo que haces: ves una publicación, un texto o un documento y ya sabes si encaja contigo o no. Sabes si es tuyo, y es entonces cuando sabes que has conseguido esa identidad visual que buscabas y que no sabíais cómo conseguir.
Ese momento llega poco a poco, a base de repetir, ajustar y equivocarte, pero, cuando llega, algo cambia: trabajas con más calma, tomas decisiones con menos miedo y comunicas mejor. La identidad visual deja de ser algo que te da vueltas en la cabeza todo el tiempo y pasa a ser una base sobre la que apoyarte, algo que te acompaña y te facilita el trabajo en lugar de complicarlo.
Ideas prácticas para mejorar tu identidad visual
Seriffa, estudio de diseño gráfico en Cantabria que ayudan a las empresas y las organizaciones a construir identidades visuales sólidas, coherentes y con propósito, explica que la identidad visual no es solo estética: es cómo tu marca se reconoce y comunica sin palabras, y nos da ciertas pautas para poder conseguirlo:
- Define tus colores principales: Elige dos o tres colores y úsalos siempre. Eso ayuda a que la gente te reconozca al instante.
- Elige tipografías simples: Una para títulos y otra para textos largos. Que sean legibles y consistentes en todo lo que hagas.
- Decide un estilo de imágenes: Fotos, ilustraciones o gráficos, pero que siempre sigan el mismo estilo. No mezcles demasiado.
- Crea un tono de comunicación: Piensa cómo quieres hablar con tus clientes: cercano, formal, directo… y mantén ese estilo en todos lados.
- Revisa todos tus puntos de contacto: Desde redes hasta emails, pasando por documentos y presentaciones. Todo debe sentirse parte de la misma marca.
- Simplifica: Menos es más. Quita lo que no aporta y enfócate en lo que realmente refleja tu marca.
- Pide feedback externo: Alguien que no esté metido en tu día a día puede ver incoherencias que tú no notas.
Son sencillos que, si aplicas con constancia, tu identidad visual empieza a funcionar sola y te ahorra mucho esfuerzo a la hora de comunicar.
La identidad visual no va a salvar un negocio por sí sola
Pero ayuda a ser reconocible, a generar confianza y a no perderte entre tantas empresas de tu competencia. Porque, cuando alguien te ve y sabe que eres tú sin, ahí ya has ganado algo muy valioso: por lo menos, que te vean y, al primer vistazo, diga: ¡Anda, eres tú!


