Rehabilitar un edificio antiguo puede ser una oportunidad para solucionar problemas que llevan años formando parte de él, pero también para conseguir que necesite menos energía y resulte más confortable. No se trata solamente de renovar una fachada, cambiar unas ventanas o sustituir una instalación que ha quedado anticuada. Si estudiamos el inmueble como un conjunto, podemos descubrir por dónde pierde calor durante el invierno, qué zonas se calientan demasiado en verano y qué instalaciones están consumiendo más de lo necesario.
Esta forma de plantear una rehabilitación resulta especialmente importante en edificios construidos cuando las exigencias relacionadas con el aislamiento y la eficiencia eran muy diferentes de las actuales. Podemos encontrarnos con fachadas poco aisladas, cubiertas que permiten importantes intercambios de temperatura con el exterior, ventanas antiguas o sistemas de calefacción que llevan décadas funcionando. Cada uno de estos elementos puede influir en el consumo y en la sensación de confort que tenemos dentro de las viviendas.
Por eso, mejorar la eficiencia no consiste en incorporar toda la tecnología posible sin estudiar antes el edificio. En muchas ocasiones tiene más sentido comenzar reduciendo sus necesidades energéticas y después pensar en cómo producir de manera más eficiente la energía que todavía necesitaremos. Esta diferencia es importante porque un edificio que conserva mejor la temperatura interior necesitará menos esfuerzo para calentarse durante el invierno y para mantenerse confortable durante los meses de calor.
Antes de rehabilitar necesitamos saber dónde están los problemas
El primer paso debería ser conocer el punto de partida. Dos edificios construidos en la misma década pueden presentar comportamientos bastante diferentes dependiendo de sus materiales, orientación, estado de conservación y reformas realizadas a lo largo de los años. Incluso dentro del mismo inmueble podemos encontrar fachadas que reciben muchas horas de sol y otras que permanecen prácticamente siempre a la sombra.
Un estudio previo puede ayudarnos a localizar los puntos donde existe margen de mejora. Fachadas, cubiertas, ventanas, cajas de persiana y encuentros entre diferentes elementos constructivos merecen atención porque forman parte de la envolvente que separa los espacios interiores del exterior. También deberíamos estudiar las instalaciones existentes, ya que una parte del consumo puede proceder de equipos antiguos o de sistemas que no están funcionando de una manera adecuada.
Con esta información podremos establecer prioridades. Quizá descubramos que el principal problema se encuentra en una cubierta con poco aislamiento o que las ventanas dejan pasar demasiado aire. En otros casos puede ser necesario actuar sobre varias zonas al mismo tiempo. Lo importante es evitar comenzar la obra tomando decisiones aisladas, porque una rehabilitación bien planificada permite coordinar diferentes actuaciones y aprovechar mejor la intervención. También podremos organizar los trabajos teniendo en cuenta cuáles son más urgentes y cuáles pueden realizarse posteriormente. Esto nos ayudará a distribuir mejor el presupuesto disponible y evitar modificaciones innecesarias una vez iniciada la obra. Además, conocer desde el principio las necesidades del edificio facilita que cada mejora tenga sentido dentro del resultado que queremos conseguir.
Mejorar el aislamiento puede cambiar mucho el comportamiento del edificio
La envolvente térmica tiene una influencia importante sobre la cantidad de energía que necesitamos para mantener una temperatura confortable. Cuando las fachadas o la cubierta presentan un aislamiento insuficiente, el edificio intercambia más fácilmente calor con el exterior. Durante el invierno podemos perder parte del calor generado dentro de las viviendas y en verano podemos tener mayores dificultades para mantenerlas frescas.
El IDAE cuenta con diferentes guías destinadas precisamente a la rehabilitación de la envolvente térmica y contempla actuaciones en fachadas y cubiertas mediante distintos materiales y sistemas de aislamiento. La solución adecuada dependerá de cómo esté construido el edificio, del espacio disponible y de las características de la intervención, por lo que no existe una única forma de mejorar todos los inmuebles.
También debemos prestar atención a los denominados puentes térmicos. Son zonas de la envolvente donde el comportamiento térmico puede ser diferente al del resto y pueden aparecer, por ejemplo, en determinados encuentros constructivos. Resolver correctamente estos puntos resulta importante cuando realizamos una rehabilitación porque no tendría demasiado sentido mejorar una gran superficie de fachada y dejar sin estudiar aquellas zonas donde pueden mantenerse pérdidas importantes.
Las ventanas forman parte de la eficiencia del conjunto
Cambiar las ventanas suele ser una de las primeras medidas que imaginamos cuando hablamos de mejorar energéticamente una vivienda. Es lógico porque las utilizamos diariamente y podemos notar con bastante facilidad algunas de sus deficiencias. Corrientes de aire, dificultades para mantener una temperatura estable o condensaciones pueden hacernos sospechar que estos elementos necesitan una revisión.
Sin embargo, no deberíamos valorar una ventana únicamente por el número de vidrios que incorpora. El marco, el acristalamiento, la forma de instalación y los encuentros con la fachada influyen en el comportamiento final. También debemos estudiar la orientación y la exposición solar, ya que una ventana que recibe muchas horas de sol puede necesitar soluciones diferentes a otra situada en una fachada con condiciones distintas.
Antes de decidir podemos revisar cuestiones como el estado de los marcos actuales, las características del acristalamiento y la posible existencia de filtraciones de aire. También conviene prestar atención a las cajas de persiana y a las pérdidas que puedan producirse en estos puntos, además de estudiar la orientación de cada fachada y la cantidad de radiación solar que recibe cada hueco.
Otro aspecto importante será analizar cómo se unirán las nuevas ventanas con la fachada, especialmente si tenemos previsto mejorar también el aislamiento del edificio. Estudiar todos estos elementos nos permite pensar en la ventana como una parte de la envolvente y no simplemente como un elemento que sustituimos porque tiene muchos años. Una instalación bien planteada también puede ayudar a evitar puntos por los que se produzcan pérdidas de energía o entradas de aire no deseadas. Por eso conviene prestar atención tanto a las características de la nueva ventana como a la forma en la que quedará integrada en el hueco existente. Pensar en estos detalles desde el principio nos permitirá conseguir una solución más coherente con el resto de las mejoras realizadas en el edificio.
Una buena rehabilitación también debe pensar en el verano
Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de aislamiento, parecía que el único objetivo era protegernos del frío. Sin embargo, cada vez resulta más importante pensar también en el comportamiento de los edificios durante los meses de calor. Una vivienda que se calienta rápidamente puede obligarnos a utilizar durante muchas horas los sistemas de refrigeración, aumentando el consumo y dificultando el confort cuando las temperaturas exteriores son elevadas.
Las protecciones solares pueden desempeñar aquí un papel interesante. Toldos, persianas, lamas y otros sistemas permiten controlar parte de la radiación que llega a determinadas ventanas. Su utilidad dependerá de la orientación y de las características del edificio, pero incorporarlas correctamente puede ayudar a limitar ganancias solares no deseadas sin tener que renunciar completamente a la luz natural.
También podemos estudiar la cubierta, especialmente en las plantas superiores. Una cubierta con un comportamiento térmico deficiente puede influir notablemente en las viviendas situadas debajo de ella. Mejorar su aislamiento durante una rehabilitación puede ayudarnos a conseguir unas condiciones interiores más estables tanto en invierno como en verano y, además, puede aprovecharse la intervención para revisar impermeabilización, evacuación de agua y otros aspectos relacionados con su conservación. De esta manera podremos actuar sobre varios problemas aprovechando una misma intervención y evitar tener que realizar nuevas obras poco tiempo después. También conviene revisar el estado general de la cubierta para detectar posibles deterioros que puedan terminar afectando a otras zonas del edificio.
Las instalaciones también pueden modernizarse durante una rehabilitación
Una vez reducidas las necesidades energéticas del edificio, podemos estudiar sus instalaciones. Calefacción, refrigeración y producción de agua caliente representan una parte importante del consumo de muchas viviendas, por lo que la rehabilitación puede ser un buen momento para valorar si los equipos existentes continúan siendo adecuados o si tiene sentido sustituirlos por sistemas más eficientes. Los expertos de Geneo señalan que en la construcción y rehabilitación de edificios pueden integrarse soluciones basadas en energías renovables como la aerotermia o la geotermia. Esto permite comprender que mejorar un inmueble antiguo no tiene por qué limitarse a reparar aquello que está deteriorado, ya que también podemos estudiar nuevas formas de cubrir sus necesidades de climatización y agua caliente. La elección deberá realizarse según las características del edificio, el espacio disponible y las necesidades reales de sus usuarios.
La aerotermia utiliza bombas de calor que aprovechan energía del aire exterior, mientras que los sistemas geotérmicos pueden intercambiar energía con el terreno. No son soluciones que debamos incorporar automáticamente en cualquier rehabilitación. Antes tendremos que estudiar aspectos como la demanda energética, las características de la instalación existente, el espacio disponible y la viabilidad técnica de cada alternativa.
Ventilar correctamente sigue siendo necesario después de aislar
Cuando mejoramos ventanas y aislamiento conseguimos que el edificio pueda ser más estanco, algo positivo desde el punto de vista energético cuando la intervención está correctamente diseñada. Sin embargo, las viviendas siguen necesitando renovar el aire interior. Cocinar, ducharnos, secar ropa o simplemente permanecer varias personas dentro de una habitación genera humedad y modifica las condiciones del aire.
Por este motivo la ventilación debe formar parte del planteamiento global de una rehabilitación. No podemos limitar las infiltraciones de aire no controladas y después olvidarnos de cómo se renovará el aire de las viviendas. Dependiendo del edificio pueden estudiarse diferentes sistemas y, en rehabilitaciones de mayor alcance, pueden plantearse soluciones de ventilación mecánica que permitan controlar mejor esta renovación.
Además, existen sistemas con recuperación de calor que aprovechan parte de la energía del aire que sale para reducir las pérdidas asociadas a la ventilación. Esto demuestra nuevamente por qué las distintas actuaciones deberían estudiarse conjuntamente. Mejorar la eficiencia no significa cerrar completamente un edificio, sino controlar mejor cómo intercambia energía y aire con el exterior para conseguir unas condiciones interiores adecuadas.
La tecnología puede ayudarnos a controlar mejor el consumo
Un edificio eficiente no depende solamente de sus materiales. La forma en la que utilizamos sus instalaciones también tiene importancia. Podemos disponer de un buen sistema de climatización y, aun así, consumir más energía de la necesaria si mantenemos temperaturas poco razonables o si calentamos espacios que permanecen vacíos durante buena parte del día.
Los termostatos programables, sensores y sistemas de regulación permiten adaptar mejor el funcionamiento de determinadas instalaciones a las necesidades reales. No necesitamos convertir necesariamente un edificio antiguo en una construcción completamente automatizada. A veces unas mejoras sencillas en el control pueden permitir que los equipos funcionen durante menos tiempo o que adapten su potencia a las condiciones existentes.
La Comisión Europea incluye precisamente las medidas de control digital entre las posibles actuaciones relacionadas con la renovación energética de los edificios. También contempla medidas como mejorar el aislamiento, renovar ventanas, instalar sistemas más eficientes de calefacción o refrigeración e incorporar energías renovables. La clave vuelve a estar en combinar diferentes actuaciones de una manera coherente y no en confiar toda la eficiencia a una única tecnología.
Rehabilitar mejor significa pensar en el edificio como un conjunto
Uno de los errores que podemos cometer es intentar solucionar cada problema de manera independiente. Cambiamos las ventanas un año, sustituimos la calefacción unos años después y finalmente actuamos sobre la fachada sin haber pensado previamente cómo se relacionaban todas estas decisiones. No siempre podremos realizar una rehabilitación completa de una sola vez, especialmente por motivos económicos, pero sí podemos intentar establecer un orden lógico para las actuaciones.
Una planificación previa puede ayudarnos a decidir qué trabajos deberían realizarse primero y cuáles pueden esperar. Si sabemos que dentro de unos años queremos mejorar la fachada, por ejemplo, podemos tenerlo en cuenta cuando sustituyamos las ventanas para evitar incompatibilidades posteriores. Del mismo modo, si reducimos considerablemente la demanda energética gracias al aislamiento, las necesidades del futuro sistema de climatización pueden ser diferentes.
Mejorar la eficiencia de un edificio antiguo no significa borrar su historia ni convertirlo necesariamente en una construcción completamente nueva. Significa aprovechar una rehabilitación para corregir deficiencias, reducir necesidades energéticas y adaptar determinadas instalaciones a las exigencias actuales. Cuando estudiamos fachadas, cubiertas, ventanas, ventilación y climatización como partes relacionadas de un mismo edificio, resulta mucho más sencillo tomar decisiones que puedan mejorar tanto el consumo como el confort de quienes viven en él.


